“Taitas” versus “Delegados”, partido de fondo por el control de Lurigancho

 

Los delegados de pabellones, elegidos con el voto de los internos, van ganando autoridad frente al poder oculto y perverso de los “taitas” en el temido penal.

Edmundo Cruz y Jonathan Castro

Reto. José Luis Pérez Guadalupe, presidente de INPE, tendrá que doblegar los malos liderazgos.

El viernes último, una requisa de rigor en el penal de Lurigancho fue rumoreada como supuesto motín. El motín resultó falsa alarma.

Tres días antes, miradas ligeras creyeron descubrir en el Establecimiento Penal Castro Castro la boca de un túnel por donde iban a fugar una masa de internos. Se trataba de tierra removida para despejar una pampa interior.

Más desconcertante resultó la muerte del interno Juan Carlos Vásquez Llallahui, el martes 13, otra vez en Lurigancho, una hora luego de que el nuevo presidente del INPE, José Luis Pérez Guadalupe, y magistrados del Poder Judicial dialogaran con delegados de los 22 pabellones de esa cárcel. Pero ni las intrigantes versiones ni el provocador incidente que segó la vida de Vásquez encendieron la prisión.

Medidas últimas de ajuste de los beneficios penitenciarios habían creado justificada preocupación en la población penal. Las veían como un recorte a sus derechos.

Pero la Corte Superior de Lima y la Oficina de Control de la Magistratura (OCMA) reaccionaron en el acto, a iniciativa del nuevo presidente  del INPE, y fueron directo al diálogo con los delegados de pabellón de los dos más poblados penales de la Gran Lima.

Los beneficios penitenciarios de ley se respetan. Lo que se está garantizando es su aplicación correcta, argumentaron los jueces.

Los delegados de los internos van entendiendo las medidas y el diálogo ha contribuido a capear el temporal por lo pronto. En ese marco, la institución de los delegados de pabellón aparece fortalecida frente al poder tradicional y perverso de los “taitas”. Las prácticas de estos últimos asoman en las recientes provocaciones.

Taitas, delegados y faites

Tradicionalmente, el “taita” es el poder real, oculto y perverso dentro de la cárcel, con capacidad de decisión sobre la vida de los internos. Los “delegados” son el poder formal, los intermediarios en la relación con la autoridad del penal. Los taitas no suelen oficiar de delegados pero deciden su elección.

Los “faites” viven del prestigio que les da ser autores de los delitos de mayor reputación en el mundo del hampa. No les interesa el ejercicio del poder dentro del penal, les basta con que se les respete.

Pérez Guadalupe, en su libro “Faites y atorrantes”, trazó en los años 90 el perfil de estas estructuras que por cierto están expuestas al paso del tiempo. Para unos siguen vigentes, para otros han sido superadas. Y no faltan quienes ven en el último “batacazo” del martes 13 en Lurigancho la actuación de “taitas” que ahora no reparan en “dar la cara”.

El último “batacazo”

En los penales se llama “batacazo” al asalto violento de los internos de un pabellón para posesionarse de otro y usufructuarlo.

El último “batacazo” del martes 13 fue encabezado por “El Seco”, apelativo del delegado de disciplina del penal de Lurigancho e interno del pabellón 1. Habría tratado de controlar el pabellón 5 y doblegar a los hermanos Saravia, que aspiran a la delegatura general del penal en las elecciones próximas que se realizarán a fin de año.

Según una fuente proveniente del entorno de los internos, “El Seco” contaría con el respaldo  del actual delegado general de Lurigancho: Roger Luján, que ejerce el cargo por 3 años y también con la aprobación de los delegados de otros cuatro pabellones que comparten el poder con Luján.

“Ahora los taitas quieren ser delegados”, comenta la fuente. Ese  interés se debería a que ahora la institución de los delegados de pabellón y delegados generales ha ganado en autoridad.

Wilfredo Pedraza, siendo presidente del INPE, en el 2004-2005, otorgó a la labor de los delegados la  categoría de trabajo ad honorem,  con valor para efectos del beneficio penitenciario del “dos por uno”.
Cumplen funciones y manejan partidas como si fueran alcaldes municipales. Son elegidos anualmente por votación de los internos. Todo esto achica el círculo de poder de los “taitas”, un poder de daño.
Testimonio
Un ex presidiario de Lurigancho hoy  libre y rehabilitado contó a “La República” a condición de que reserváramos su nombre, su “chapa”, su pabellón y su distrito.
El cometió un delito muy grave y debió purgar prisión alrededor de 15 años. Dentro de la cárcel cumplió funciones de las que trata esta nota y en su condición de interno decidió rehacer su vida. Aún no pasa la barrera de los 50 años, ha rehecho su hogar y se prepara a formar una pequeña empresa.

Conoció al padre Hubert Lanssiers, a quien admiraba por su dedicación a las personas como seres humanos. Su consejo: “están presos pero no deben perder su dignidad”, me ayudó mucho.
La política penitenciaria del Estado no debe basarse sólo en el castigo sino principalmente en la prevención. Se debe comenzar desde los colegios, insistió.

Ya en libertad, tuve oportunidad de ser invitado a dar una charla en un colegio. Explique a los jóvenes cómo es la vida en un penal, cómo se pierde todo, para que se cuidaran de no caer en delito. Siento que se necesita más orientación a la juventud. A los estudiantes de secundaria se les debe enseñar las penas que corresponden a cada delito.

El ex interno del temido penal se pronunció contra la violencia a propósito de los ataques a la niña Romina y a la hija del congresista Reggiardo. Comentó el endurecimiento de las penas planteado a raíz de esos casos y se mostró de acuerdo.

Al mismo tiempo, pidió que no todos los que delinquen sean metidos en un solo saco. Hay internos que nunca se va a rehabilitar, pero esos son los menos.

Los internos se quejan cuando restringen los beneficios penitenciarios. Ellos alegan: “no somos elefantes. No vamos a vivir tantos años como esos paquidermos”. Están pidiendo que no se les cierre la posibilidad de rehabilitación.

Debe tenerse en cuenta que si se eliminan los beneficios, desaparece uno de los principales incentivos que animan a los presos a rehacer su vida. Los presos dirán “para qué me voy a portar bien si igual voy a tener que cumplir toda mi condena”.

Mucho se habla de la corrupción en las cárceles. La hay y no voy a revelar casos concretos ni personas.

Sin embargo, de acuerdo a la  experiencia acumulada creo que el punto clave en la cadena de mando para contrarrestar la corrupción es tener mucho cuidado en la designación del director de cada penal.

Si el director es una persona recta y firme, será muy difícil que la corrupción prospere.
Debería haber más talleres de trabajo para los internos y también para la gente que sale, pues la mayoría no encuentra trabajo y vuelven a las malas juntas por la necesidad.

Delegados se renuevan cada año en elecciones

En medio de un auditorio lleno de los “faites” más respetados del penal, Henry Cutipa Pariahuahua (foto arriba) suelta una frase que deja sorprendida a la prensa: “Que se reaperture el penal de Lurigancho. Hace dos años no recibimos ningún recluso. Cañete y Huaral han colapsado”. Cutipa es el delegado jurídico de toda la cárcel, y en esta oportunidad envía el mensaje a las nuevas autoridades del INPE. Minutos antes, su compañero y delegado general Roger Luján Farfán se había comprometido a ayudar en la lucha contra la inseguridad ciudadana.

¿Cuál es la representatividad de estos menudos hombres para hacer esos pedidos? Su poder se sostiene en elecciones democráticas. Pero si el delegado elegido no hace obras a favor de los pabellones, lo derrocan y otro toma su lugar. O si abusa de su gente, lo denuncian ante las autoridades y es trasladado a un penal de máxima seguridad como castigo. La misma figura se repite en cada uno de los pabellones.

Lurigancho tiene 22 pabellones. Los 1, 3, 5, 7, 9 y 11 son los denominados “Jardín”, los más tranquilos, de gente con recursos. “La pampa” son los número 2, 4, 6, 8, 10 y 12, que son ocupados por el estrato más bajo de los internos. El resto son conocidos como “los puchos”, edificaciones no construidas para albergar gente (La Capellanía, por ejemplo) pero se han utilizado por necesidad.

Casi todos los pabellones son dominados por internos de un barrio: El 1 por Comas, el 4 por La Victoria, el Británico por el Callao. Pero hay excepciones. El 5 y 7 lo habita gente de dinero y narcotraficantes. El 13 por homosexuales, etc.

La capacidad original de dicho penal era de 3,200 internos pero en su momento más tugurizado, el 2008, la cifra se elevó hasta los 12 mil reos. Al fin de esta semana se reportaron 6,500. Según fuentes del INPE el tema está claro: piden que ingresen más internos porque eso significa más poder, dinero y pasta.

“Nuevas cárceles deben ser para reos jóvenes y primarios”

1] El ex presidente del INPE Wilfredo Pedraza Sierra señaló que “las nuevas cárceles a construir deben ser destinadas a los jóvenes que han cometido delitos leves o son primerizos. Deben estar en un ambiente en el que no los violenten, que aun con sobrepoblación y poca alimentación tengan la certeza de su seguridad, porque la inseguridad es el factor más importante de la deformación de la personalidad”.

2] Según Pedraza, “el problema es que esto no da muchos réditos políticos, pero es absolutamente necesario”. Añade que lo que actualmente se hace es cometer el mismo error que se cometió con los presos por terrorismo: cualquier preso sospechoso era enviado inmediatamente al pabellón de Sendero Luminoso. “No importaba que haya sido detenido repartiendo volantes o haciendo una pinta. En el pabellón de SL le daban escuela, lo obligaban a vivir como ellos. Lo que hicimos, afirma, fue alimentar al enemigo. Ahora estamos haciendo lo mismo cuando enviamos a un joven a penales sin controles”.

3] “En la cárcel no hay otra forma de vivir sino en la lógica que la delincuencia establece en las cárceles”. Para el especialista en temas penitenciarios, la cárcel es una gran máquina demoledora de conductas. Sostiene que “lo más violento que le puede pasar a una persona es estar en un penal porque va a ser chantajeada, golpeada y abusada todos los días por esa estructura clandestina en la que tiene que pagar por todo y, por supuesto, el que no tiene sufre y lo esclavizan”. Después de todos esos maltratos, solo salen jóvenes violentados con furia contra la sociedad.

4] “Por eso me parece grave que se use la cárcel para todos los delitos sin excepción”. Según Pedraza, la pregunta sería: ¿es útil la cárcel para todo tipo de delincuencia? Su respuesta es negativa. “Es útil para quien comete un delito grande, para el crimen organizado, la delincuencia de cuello blanco, los crímenes violentos, pero es contraproducente el uso de la cárcel para delitos menores de jóvenes. Lo único que va a suceder es que reafirmen su vocación por el delito”. La solución serían los trabajos comunitarios, normados desde 1991 pero que no se aplican.

5] Pero entre tanta oscuridad, Pedraza se alegra de la designación de José Luis Pérez Guadalupe como nuevo jefe del INPE. “Es lo mejor que le ha podido pasar al INPE en 25 años. Es un buen equipo, con poca experiencia en administración, pero con buen soporte. Algo interesante puede haber en el futuro aunque creo que la raíz va a cambiar muy poco porque los problemas crónicos no se resuelven con dinero solamente”.

Publicación original.

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