La gran desilusión

Activistas sociales que apoyaron decididamente el proyecto nacionalista de Ollanta Humala en la segunda vuelta electoral ven hoy con decepción el viraje del régimen hacia la derecha. Ahora han pasado a ser hostigados por la policía, que irrumpe en sus reuniones solo porque ellos cuestionan las decisiones del gobierno.

Nuevos vientos. El apoyo a Humala quedó atrás. La crítica se abre paso para obligar al presidente a que cumpla sus promesas.

Lunes, 10 de la noche. Mensajes en Facebook advierten sobre la intervención policial al centro cultural Casa Pocofloro cuando se desarrollaba una charla informativa sobre la contaminación que generaría el proyecto Conga en Cajamarca. Las primeras reacciones son “¿Por qué ha ido la policía?”, “¡El estado de emergencia ya llegó a Lima!”, “Ollanta, devuélveme mi voto”, “Fuera Valdés” y “Ni en tiempos de Alan García pasaba esto”.

La mayoría de estos comentarios provenía de gente que había contribuido, directa o indirectamente, a que Humala ganara las elecciones. Algunos trabajaron para la campaña, otros fueron parte de los piquetes informativos de Gana Perú y los más reacios apoyaron desde una ilustrativa campaña anti Keiko Fujimori.

Un torpe operativo policial fue el colofón de tres semanas en las que la credibilidad del presidente Ollanta Humala se fue esfumando entre estos jóvenes.

Minutos después de las 7 de la noche del lunes, una oficial vestida de civil de la sétima región policial ingresa a la casa ubicada en la cuadra 14 de la avenida Alfonso Ugarte. Cuatro vehículos rodean la casa. Pocos minutos antes, algunos efectivos despistados habían ingresado a la Casa del Pueblo del APRA en busca de una actividad contra Conga.

“Nos dijeron que venían a guardar nuestras garantías para que no haya infiltrados. Es un absurdo, porque es uno quien tiene que pedir las garantías”, señala Mónica Miros, cabeza visible de la Casa Pocofloro. Entre los asistentes al evento se encontraban representantes de la provincia de Celendín, en Cajamarca, y el ingeniero Secundino Silva Urquía, quien iba a dar la charla sobre el impacto en el medio ambiente del proyecto minero. Presuntamente la policía habría estado tras ellos.
“La policía nos dijo que esta era una de las actividades que tenían registradas en relación con los reclamos de Conga y por eso vinieron”, señala Mónica.

“La gente de la Casa Pocofloro se siente traicionada por las políticas que se están implementando. En campaña la visión de Ollanta era otra, y nosotros apoyábamos esas políticas antes que a su persona”.

La campaña electoral

6 de junio del 2011, 12:10 am. Ollanta Humala se retira del mitin del triunfo que se había organizado en plaza Dos de Mayo. La poca gente que se quedó esperándolo hasta esas horas se retira a sus casas como puede. Un nutrido grupo de jóvenes activistas de la campaña contra Keiko se reúne en la Casa Pocofloro. Júbilo absoluto. No solo habían colaborado con la debacle del fujimorismo, sino también vieron la derrota de cierta prensa limeña que desplegó una guerra sucia mediática. Lo lograron, contra todo, contra todos.

Tras el resultado de una primera vuelta que polarizó al país, muchos jóvenes y activistas cambiaron las banderas del No a Keiko por el Sí a Humala. “La única alternativa que teníamos que prometía cambios en el país era Ollanta Humala”, recuerda Libertad Casavilca, militante del Movimiento Tierra y Libertad.

Salieron a hacer piquetes informativos, pintas nocturnas, escenificaciones  teatrales y organizaron la gran marcha del 26 de mayo. Muchas de estas se gestaron desde la Casa Pocofloro.

“La ilusión se infló en la segunda vuelta. La polarización obligó a sentirnos más identificados con el proyecto, a salir a las calles, repartir volantes, convencer gente”, recuerda el activista Paul E. Maquet.

Para Maquet, al inicio de la gestión, Humala dio buenas señales a la izquierda, como el nombramiento de Raquel Yrigoyen en Indepa, José de Echave en el viceministerio del Minam y el equipo que acompañó a Aída García Naranjo en el Mimdes. Pero dejaron pasar otras señales, como la falta de interlocución con sectores sociales para negociar el nuevo gravamen minero.

“Ahora se ha recuperado el proyecto original de nacionalismo populista y redistributivo. Busca solo extraer más recursos”, señala Maquet.

Omar Cavero, del colectivo Acción Crítica, también está desconcertado: “Lo que nos sorprende es la rapidez (apenas cuatro meses desde que Humala inició su gestión) con que ha cedido a las presiones de los grupos de poder económico. El punto de quiebre fue el mensaje a la nación en el que señala que el proyecto Conga iba sí o sí. Se pasó de dar señales de tranquilidad al empresariado a prácticamente ser el vocero de Yanacocha”.

El 24 de noviembre, Humala anunció que Cajamarca iba a tener agua y oro, y que no eran incompatibles. Fue la primera mala señal para ellos, pues incumplía su promesa de campaña en Celendín.

A partir de esa fecha se empezaron a reproducir masivamente los mensajes contra Conga y otros que le pedían a Humala que retome las ideas por las que lo habían apoyado. El respaldo a la paralización en Cajamarca se hizo evidente pero se pensaba que pronto se iba a llegar a una solución pacífica.

La declaratoria de estado de emergencia en cuatro provincias y la intervención policial-militar acabó abruptamente con el apoyo juvenil. Los mensajes contra Valdés fueron los más mentados en las redes sociales.

Cavero esperaba un reordenamiento diferente de prioridades: el diálogo antes que la inversión, las comunidades antes que las mineras. Pero Humala se fue alejando poco a poco de la alianza con la sociedad civil para acercarse hacia el empresariado y su gen militarista.

“No cuestionamos a Humala por su mirada sobre el desarrollo, sino por cómo entra a dialogar con la población. No se justifican la intolerancia ni la represión”, señala Libertad Casavilca. “El gobierno ha tomado Cajamarca como un ejemplo de cómo enfrentará los conflictos sociales en otras zonas”. El otro tema que preocupa a estos activistas sociales es el nombramiento de Ana Jara como ministra de la Mujer y Desarrollo Social. Ella podría anular las iniciativas a favor de los derechos sexuales y reproductivos. “Hay que esperar, ver cómo se comporta. Es difícil avizorar sus políticas por más que sea evangélica”, señala Libertad.

Los activistas sociales a los que entrevistamos coinciden en que ahora tienen una responsabilidad a corto plazo: cohesionar un frente de organizaciones sociales que permita, por lo menos, presionar para que Humala cumpla con la Hoja de Ruta. A mediano plazo quieren construir organizaciones sólidas que no tengan que volver a depender de un advenedizo.

No se arrepienten de haber votado por Humala, pues consideran que la otra opción hubiese sido más represiva.
Al interior de la juventud del Partido Nacionalista, la situación es más incierta. Si bien el sector que proviene de la izquierda no ve con buenos ojos estos cambios, el otro sector que rechaza a la izquierda celebra la purga ministerial.

Publicación original.

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